¿Se pueden tomar antibióticos y beber alcohol?

En estas fechas que se están acercando, es habitual que muchos beban alcohol. Pero cuando estás con medicación, y esa medicación incluye antibióticos, la primera advertencia que te hacen es que nada de alcohol.

Muchos piensan que es un mito el no poder combinar alcohol con antibióticos. Lo cierto es que tiene su parte de verdad.

Los antibióticos y el alcohol

Muchos son los que, de cara a las fiestas navideñas, se toman un respiro y deciden consumir algo de alcohol con la familia y amigos a pesar de estar tomando antibióticos. Sin embargo, y como en el prospecto se dice, el alcohol puede interferir en el efecto de los antibióticos y afectar de modo negativo a la salud. Ahora bien, ¿de dónde sale eso?

La Segunda Guerra Mundial

No, no nos estamos perdiendo del tema. Debemos volver atrás en el tiempo, hasta la Segunda Guerra Mundial, para hablar de la relación que hay entre los antibióticos y el alcohol.

En esa época, se utilizaba la penicilina, que hacía relativamente poco que se había descubierto, para tratar a los soldados de enfermedades de transmisión sexual. El objetivo era que las bacterias no se expandieran. Pero claro, muchos de los soldados no hacían caso de las advertencias, menos cuando iban muy bebidos.

Como no podían controlarlo, los médicos de la época empezaron a difundir la mentira de que, si tomaban alcohol con los antibióticos que les suministraban, su salud empeoraría y podía incluso ser un daño permanente, o algo peor. Así, conseguían que los soldados no bebieran alcohol y las relaciones sexuales estuvieran a raya.

Además, has de tener en cuenta que, en esa época, mucha de la penicilina que se usaba provenía de la orina de los enfermos que eran tratados con penicilina (la separaban de lo malo, tranquilo), y si consumían alcohol era mucho más complicado hacer el proceso.

Entonces, ¿es mentira que no se puede tomar alcohol con antibióticos?

Sí… y no. Los médicos lanzaron esa mentira en la Segunda Guerra Mundial, pero no iban mal desencaminados.

Lo cierto es que va a depender mucho del antibiótico que se toma, la frecuencia, la cantidad de alcohol y el cuerpo. Todos esos factores repercuten en saber si va a tener un efecto nulo, o uno muy grave.

Cuando se consume mucho alcohol y además se toman medicamentos como linezolida, metronidazol, eritromicina o tinidazol, se produce un efecto antabus caracterizado por dolor de cabeza, sudoración, náuseas y vómitos, enrojecimiento de la cara, taquicardia, hipotensión o síncope.

Esto no quiere decir que solo se produzca con esos antibióticos; dependerá del tipo de antibiótico, de la cantidad de alcohol que se consuma y la frecuencia de hacerlo. Hay incluso algunas veces que el alcohol es hasta bueno para conseguir que el antibiótico llegue donde debe y potenciar su efecto. Por eso, en caso de duda, mejor consultar al farmacéutico.

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